Vidala para mi sombra

Por fracanapa.com | 27 de septiembre de 2017 |

Texto de Sergio Pujol. Del libro Canciones  argentinas. Emecé, 2010

 

Según los registros de Sadaic, Vidala para mi sombra es la tercera canción más veces grabada en la historia argentina. La superan La cumparsita y El día que me quieras. Desconozco la distancia que media entre el clásico de Gardel y Le Pera y el de Julio Espinosa. La imagino grande, en términos cuantitativos.

No obstante, y siempre de acuerdo con la información que brindan los repositorios de la canción de raíz folklórica, la de Espinosa no sólo es una canción ampliamente conocida; se trata de una canción omnipresente. Ninguna versión la contiene plenamente. Por más que la grabación de Yupanqui esté bastante difundida –grabación que en su momento no convenció mucho a Espinosa, dicho sea de paso–, Vidala para mi sombra carece de un registro célebre. Está sin estar; el nombre de su autor y compositor se deja leer en viejas etiquetas de discos de vinilo y en los cuadernillos de los CDs del género nativo, pero sin llamar la atención, sin que a partir de ese nombre sintamos la urgencia de ir en su búsqueda. Tampoco podremos, con la mera referencia de un nombre propio, reconstruir el cuadro general, el contexto.

En otras palabras, esta vidala, escrita en 1955, bien podría ser un siglo más vieja, o haber sido estrenada la semana pasada. Su melodía, escueta como la de toda vidala, pero a la vez muy característica, se nos impregna inadvertidamente, como el suvenir secreto de un viaje que alguna vez hicimos y que hoy hemos olvidado casi en su totalidad. Inversamente a la desmaterialización de su autor, Vidala para mi sombra tiene una persistencia visceral, a resguardo de cualquier vicisitud. En ese sentido, es el sueño de un folklorista hecho realidad: la firma autoral disuelta en la memoria colectiva y desatendida de los aparatos de difusión.

Por supuesto, los folkloristas salteños adoran a Julio Espinosa; para ellos es un autor entrañable, aunque reconocen que ha sido injustamente olvidado por el vademécum de género; o quizá tan ampliamente superado por su creación, que la obra terminó por matar al autor; la sombra, al sujeto que la proyectaba. Al respecto, se dice que la suerte de esta vidala fue pronosticada por Juan Carlos Dávalos, que en 1955 le dijo a Espinosa que su melancólica creación estaba destinada a ser universal. Dávalos no se equivocó, y el solitario y frágil Julio, que supo ganarse la vida como carpintero, no tuvo más remedio que creer lo increíble: la universalidad de esa coplas, escritas con expectativas mínimas y mucho pudor. La copio completa, a modo de homenaje a Espinosa:

 

A veces sigo a mi sombra
a veces viene detrás,
pobrecita si me muero
con quién va a andar.

No es que se vuelque mi vino,
lo derramo de intención,
mi sombra bebe y la vida
es de los dos.

Achatadita y callada,
dónde podrás encontrar
una sombra compañera
que siga igual.

Sombrita cuidame mucho
lo que tenga que dejar,
cuando me moje hasta adentro
la oscuridad.

A veces sigo a mi sombra
a veces viene detrás,
pobrecita si me muero
con quién va a andar.

 

 

Escuchá estas 10 versiones de Vidala para mi sombra. Podés señalar las que más te atraen y dejar tus comenatrios al pie de la página.

 

Julio Santos Espinosa, de una grabación informal

 

Cuarteto Zupay, del disco Si todos los hombres (1972)

 

Atahualpa Yupanqui, grabación en vivo incluida en el CD Leyendas (1992)

 

Julián Polito, con Verónica Condomí y Acho Estol, del disco Viejo Nuevo Mundo (2011)

 

Marián y Chango Farías Gómez, del disco Folklore argentino (1976)

 

Waldo y Marta de los Ríos, del disco Waldo de los Ríos-Marta de Los Ríos (1972)

 

Pajarito Zaguri, arreglo de Claudio Gabis, del disco El Rey Criollo del Rock and Roll (1982)

 

Jorge Cafrune, del disco Cafrune Revolucionario (1987)

 

Cecilia Zavala con Juan Falú, del disco Aguaribay (2007)

 

Mariana Baraj, del disco Lumbre (2002)

 

 

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